En concreto, los resultados obtenidos evidencian que la capacidad de detectar ritmos lentos se asocia con el reconocimiento de los acentos, mientras que la percepción de ritmos rápidos está vinculada a la identificación de los sonidos que componen las palabras.
“Uno de los principales hallazgos del proyecto es que el entrenamiento en habilidades rítmicas tiene un impacto positivo en el aprendizaje de la lectura”, profundiza Nicolás Gutiérrez. Las intervenciones diseñadas por el equipo investigador demuestran que trabajar el ritmo y los acentos mejora la lectura de palabras, especialmente en alumnado de los primeros cursos de Educación Primaria. Así mismo, se constata que la mejora en la percepción del acento facilita la fluidez lectora, ya que permite a los estudiantes interpretar correctamente palabras desconocidas.
El proyecto también explora la aplicación de estas técnicas en personas con dislexia, observándose mejoras en la escritura de palabras inventadas tras un entrenamiento específico basado en la percepción de los acentos. Estos resultados sugieren nuevas estrategias de intervención para personas con dificultades lectoras, así como para alumnado de origen extranjero que se enfrenta al aprendizaje de una nueva lengua.