Las cestas de mimbre hacen más fácil la vida diaria


A veces lo más sencillo es lo que mejor funciona. Entre tantos productos de plástico y recipientes modernos, la cesta de mimbre sigue ocupando un lugar que nunca ha perdido del todo. No se trata solo de un objeto tradicional, también es una herramienta práctica que acompaña a muchas personas en su día a día, aunque con usos diferentes a los que tenían nuestras abuelas o bisabuelos. Hoy la vemos tanto en una cocina urbana como en el maletero de un coche rumbo al campo, lo que demuestra que su versatilidad se mantiene intacta.

Un material con memoria

El mimbre tiene algo especial: se adapta sin romperse y, al mismo tiempo, es firme. Esa combinación explica por qué se utiliza desde hace tanto tiempo. No hace falta complicarse mucho para entenderlo. Es un material ligero, fácil de transportar, y además tiene un trenzado que deja pasar el aire. Eso significa que lo que guardamos dentro no se recalienta ni se estropea con tanta facilidad. Por eso resulta tan habitual ver fruta o pan dentro de una cesta de mimbre en muchas casas, incluso en las que buscan un estilo moderno. Se integra bien y no pierde utilidad.

La función en el hogar

Quien tiene una o varias cestas suele descubrir que sirven para casi todo. Se usan como organizadores en armarios, como revisteros en el salón o incluso como decoración en entradas y pasillos. Guardar juguetes, ropa pequeña o productos de baño son opciones muy comunes. Lo bueno es que, a diferencia de las cajas de plástico, no da la sensación de ocupar más espacio del necesario. Además, aportan calidez visual. Una estancia con un par de cestas bien colocadas parece más ordenada y acogedora. Es el tipo de detalle que no llama demasiado la atención pero que se nota.

Salir al campo con la cesta adecuada

Si hablamos de actividades al aire libre, las cestas para setas tienen un papel protagonista. Quien haya salido alguna vez a recolectar sabe que no vale cualquier recipiente. Las bolsas de plástico, por ejemplo, son poco recomendables porque acumulan humedad y estropean las setas recogidas. Además, impiden que las esporas caigan al suelo, algo importante para que el ciclo natural de los hongos continúe. Con una cesta de mimbre pasa justo lo contrario: la ventilación mantiene las setas frescas y el trenzado permite que las esporas se dispersen por el camino. Es una manera sencilla de disfrutar de la afición y al mismo tiempo respetar el entorno.

Consejos básicos para quienes empiezan en la recolección

La primera vez que alguien sale al monte a buscar setas puede llevarse sorpresas. No todo lo que se encuentra es comestible, y conviene ir acompañado de alguien con experiencia. Además, es útil tener una cesta apropiada, un pequeño cuchillo para cortar el pie de la seta sin dañar el suelo y un cepillo para retirar la tierra más gruesa. Transportarlas en buen estado es tan importante como recogerlas. Por eso, contar con una cesta que respete la forma y evite que se aplasten es fundamental. Muchos aficionados dividen el interior con paños para separar especies y evitar confusiones.

Cómo cuidar una cesta para que dure años

Aunque parezcan resistentes, las cestas necesitan cierto cuidado. Lo recomendable es mantenerlas limpias, evitar que se mojen en exceso y guardarlas en un lugar seco. Si alguna varilla se dobla, se puede humedecer ligeramente y recolocar antes de que se rompa. Son objetos duraderos, pero agradecen un trato adecuado. No es raro que en algunas familias se hereden cestas que han pasado de padres a hijos, lo que demuestra que, bien cuidadas, tienen una vida útil muy larga.

Por qué seguimos eligiéndolas

En una época en la que se habla tanto de sostenibilidad, volver a materiales naturales parece una decisión lógica. El mimbre se obtiene de una planta que crece rápido y se trabaja de forma artesanal. Eso hace que cada pieza sea distinta, con ligeras irregularidades que le dan personalidad. Frente a objetos fabricados en serie, la cesta transmite cercanía. Al final, más allá de lo ecológico, hay un factor emocional. Usar una cesta conecta con recuerdos, con momentos familiares y con una forma de hacer las cosas más simple y directa.







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